ENTRAR DESCALZA:  ARRIBO A LA POESIA

Por:  Masiel Mateos Trujillo
      Feria del Libro.  Ciego de avila, 2003

Entrar, según el diccionario es una palabra que proviene del latín intrare y su interpretación varía entre: ir o pasar de fuera adentro, pasar por una parte para introducirse en otra; penetrar; desembocar; introducir; acometer; arremeter; ser admitido a tener entrada en alguna parte; empezar a formar parte de una profesión o carrera; dedicarse a ella; tener principio; ser contado con otros en algunas líneas o clase; formar parte de cosas; influir en el estado de ánimo de alguien; y en el juego de naipes, tomar sobre si el empeño de ganar la puesta, disputándolo según las leyes de los juegos.

Tras dilucidar entre tantos significados de la palabra entrar, la presentación de este libro es casi innecesaria. Decimos entrar y más aun, decimos entrar descalza, y es entrar con los pies desnudos, sin mas recurso o fortuna que la propia carne de la poetiza.  Lídice Alemán, Santiago de Cuba, 1963, asume su descalces cual desnudez como única manera de traspasar la lectura humana, busca su admisión en este sitio de la poesía con un verso libre, cortado en el justo punto de su diana "...la crecida adsorve/ la muerte ya no es coartada/ somos el pretexto que nos llena los bolsillos/ el tacto que surca y enceguece..."  Son versos blancos, liberados a la idea que fluye de estrofa, jugando con la limpieza del ser y la palabra:  "Fue un error/ la agilidad de la espada/ su destreza para retirarse a tiempo..."

Las sílabas salen con autonomía el verbo se conjuga en acción:  "...descubro a Jesús/ le beso las sandalias."  Cada palabra tiene un espacio; el verbo, el sustantivo, las formas verbales, conocen su lugar, el destino reservado a su muerte; el significado juega con el espacio y el tiempo.  Hay un eterno presente en cada página, pasado, futuro, todo es hoy en esta mujer hablando "...El óxido tortura las puertas y el deseo/ hace del sonido heregía/ de la noche un insomnio perenne/ El murmullo desdobla sombras y naufragios."

Lídice Alemán en Entrar Descalza rebusca en nuestros estados de ánimo, nos tiende una trampa en la que somos confidentes:  " El odio oxida la razón/ escupes lágrimas y arena/ y la rabia/ la maldita rabia/ se traga tu equilibrio."  sabe que entra así en este oficio de poeta, un sitio donde el espíritu nace y muere infinitamente, en cada entrada de verso.  La poetiza sabe que el camino de la poesía y la vida, son paralelos.  Construir un verso es despertar, sufrir, odiar, temer, es voluntad del tiempo; cruzar las calles es entrar al papel; escribir es lo único que puede salvarle de lo insípido; es un juego de naipes al que entró para ganarlo todo.  No se permite el error de la asonancia, las trampas de tiempos indecisos ni metáforas de perfección estéril.

La poetiza busca la capacidad de comunicación del hombre en el verso, su timidéz descubre la posibilidad de expandirse en otros "el universo está vacío/ yo lo habito/ a veces."  No pretende que en su tropo poético se busque otras mujeres, sabe su definición y la defiende "...Nadie busque descifrarme/ nadie quiera convocar la niebla..."

Como para definirse poetiza, mujer, capaz de acometer este duro oficio, tan antiguo como la propia inspiración que la nutre, Lídice Alemán cierra su confesión en la voz de otra poeta  "...Acepto lo tarde del arribo/ muchos amantes    una sola luna/ mas no soporto esa manía de pensar/ y extrañar anulándome..."

Gracias.
ENTRAR DESCALZA:  ARRIBO A LA POESIA
     
Masiel Mateos Trujillo
      Feria Internacional del Libro.  Ciego de avila, 2003

POESIA DEL CORAZON
      
Erick Caraballoso Díaz
       Santiago de Cuba, febrero 3 del 2003

OTRAS VIAS PARA ENTRAR DESCALZA
      
Oscar Montoto Mayor
       Santiago de Cuba, diciembre 14 del 2002

NUEVA COLECCION DE EDICIONES AVILA
    
Arlén Regueiro Mas 
     Ciego de Avila, enero 29 del 2002

ALGUIEN NOS ABRE LA PUERTA
     
Arlén Regueiro Mas   
      Ciego de Avila, enero 7 del 2002
POESIA DEL CORAZON

Por: Erick Caraballoso Díaz
       Santiago de Cub febrero 3 del 2003
       http://www.cultstgo.cult.cu/ferialibro03/feriahoy.htm#up


Lídice Alemán es una poeta feliz. Su Entrar descalza, de Ediciones Ávila, fue galardonado con el Premio Santiago al mejor libro de un autor novel, publicado por una editorial provincial en el 2002. Gracias a ello, ha podido transitar con nosotros estos días de feria, invitada por sus jueces a recibir un reconocimiento que ella prefiere compartir con editores y diseñadores.

En el poemario Entrar descalza, Lídice, quien nació en Santiago en 1963 y hace apenas unos cinco años vive en Ciego de Ávila, viaja, según sus propias palabras, "del Infierno al Paraíso" a través de tres cuadernos organizados con sus versos iniciales.

"En cada uno de estos poemas hay un pedacito de mí", dice esta confesa lectora de clásicos y contemporáneos, que prefiere la poesía porque "se escribe con el corazón; es más sentimiento, más espíritu".
Éste es apenas el primer resultado de una corta carrera que ya tiene continuidad, pues su segundo libro, Indecisiones del Arquero, recién fue distinguido en el Premio de la Ciudad de Nueva Gerona, y por allá anda en proceso editorial.

Demos entonces nuestra confianza a esta coterránea que regresa, y cumplamos con su última petición de Autodefensa: Déjenme así/ ¿qué importa si derrocho paciencia/ y espero que caiga sobre mi calendario/ una tímida estrella?
OTRAS VIAS PARA ENTRAR DESCALZA


Por: Oscar Montoto Mayor
     Santiago de Cuba, diciembre 14 del 2002


Primero se hizo el verso y después la luz.  No.  Primero Lídice publicó el plegable Propósito, de Ediciones Catedral, y luego hizo otras cosas, todas para reafirmar que con seis poemas bien podía incorporarse al gremio del buen escribir y a Propósito, hacer una Declaración jurada, intentar decir que El Universo está vacío, o atreverse a redactar una Crónica de un amanecer, Si no fuera una Autodefensa.  O por el contrario, decir que se atrevió a redactar una Autodefensa, Si no fuera la Crónica de un amanecer.
Todo eso fue el primer tiempo que Lídice Alemán dedicó a armar y desarmar versos e ideas en un taller literario, de aquí, con nosotros.  Después, tampoco se hizo la luz; ya esa aureola estaba prendida en la capacidad, sensibilidad y aptitud creadora e imaginativa para hacer cada poema o de bien decir con versos, esos artilugios, juegos y experiencias de la vida que nos hacen trasnochar, de una forma u otra.  Así, hasta que con nuevos saltos e impulsos creadores, es antologada en Arribos de la Luz, de Ediciones Avila... y compulsada hasta Entrar descalza.

Entrar descalza, editado por Ediciones Avila y que presento ahora, es otro pretexto para narrar ideas o hacer saber de las cosas que se saben contar.  Entrar... en infinitivo es la acción verbal que sin conjugar, abre sus tiempos poéticos de buen desarrollo en que las formas y las conjunciones de ideas, sin atropellos, bien hilvanadas, dan forma a una concepción poética de alto kilate, con estructura sobria, exenta de rebuscamientos ni ideas sobrepensadas, aunque estas últimas calcen en más de una ocasión, la necesaria idea.  Lídice es espontanea, huidiza en las formas rígidas, pero tajante ante el criterio definitivo de cuándo y dónde asentar una imagen y otra imagen; las metáforas son ligeras, precisas, pero sin presiones... es sencillamente la espontaneidad.  Por eso del pleno y exacto sentido de lo que se quiere y logra decir, es por lo que reafirma: "Déjenme así / qué importa si derrocho paciencia / y espero que caiga sobre mi calendario / una tímida estrella. / (...)"

Cuando se hace buena poesía, pero sobre todo, cuando el poeta no es improvisado, afloran las ideas y las trampas se convierten en divertimento para jugar con los versos y el lector; y para enfrentarse a un contrapunteo inteligente, agudo, no hay necesidad de rebuscar ni crear falsas expectativas.  La poesía, ahora en manos de Lídice Alemán, en Entrar descalza, es una suerte de mensajes hilvanados sin truculencias, definitivamente altivas y llenas de sonoridad.  El ritmo interno y el tiempo, implícitos, se conjugan debidamente.  No hay posibilidad ni espacio para la imposición, ni siquiera para el error.

Pero algo escapó en la historia de la presente muestra poética: es que Lídice quiso entrar descalza al gran salón de la buena poesía, cuando realmente lo que hizo fue, en contra de las campanadas de la medianoche, llegar calzada con zapatillas de porcelana.

Gracias.
                                                                                                                 Santiago de Cuba, Sábado del Libro.
NUEVA COLECCION DE EDICIONES AVILA

Por:  Arlén Regueiro Mas 
      Ciego de Avila, enero 29 del 2002

Ediciones Ávila, casa editorial del Centro Provincial del Libro en Ciego de Ávila, acaba de presentar el primer título de su Colección Brizna: Entrar Descalza de Lídice Alemán, al cual seguirán otros cuadernos de poesía avileña como son: El Muro Infinito de Ricardo Benítez Fumero, Puente sobre el Estigia de Herber Torranzo y El libro de los Oficios de Carmen Hernández Peña.

Entrar descalza, libro que inicia la Colección Brizna es la ópera prima de Lídice Alemán, Santiago de Cuba, 1963. Los textos en él reunidos nos ofrecen un tránsito diferente por los laberintos del verso, tránsito que se diluye en la construcción semántica del odio y la avidez por desentrañar senderos vírgenes para sus pies cansados. El camino será difícil, más no imposible cuando una mujer reconstruye su personalidad desde la muerte, desde el miedo a vivir una existencia insignificante.

Lo trascendente en esta poética no es solo la imagen límpida y fugaz, como puñado de agua, lo es también la sintaxis, el contexto desde el que la poeta edifica todo un laberinto generacional, donde la prístina dificultad que vence es el hecho de ser mujer, un género humano otro. Lídice Alemán ejecuta la poesía hacia nosotros, sus lectores, con un acento viril, feminismos aparte, para inaugurar un discurso plural imposible de mancillar, codificado desde lo cotidiano, desde lo ancestral.

Quienes intenten el verso no podrán nunca negar la autenticidad de estos poemas vertidos a la corriente infecunda de nuestra poesía. No podrán acercarse, sin permitirse un ligero estremecimiento, al intenso universo lírico de una mujer que llega, acompañada solo por sus poemas, por los libros que ama, por la desnudez de sus pies, tan amigos, dispuestos al dolor, a las heridas, al silencio que parece circundarlos bebiéndose el equilibrio.
Entrar Descalza, libro dividido en tres partes (como la Comedia del Dante) nos propone un viaje donde se libran los demonios, donde el exorcismo es solo un pretexto para decir, para gritar la inexistencia del yo, la agonía del no ser parte del texto citadino. Infierno, Purgatorio, Paraíso: tres estados donde el alma se pierde en busca de la trascendencia. Grito de una mujer, de un hombre, de una multitud que se deshace en la aventura de el gesto poético. Reflexión, extrañamiento, ejercicio espiritual, todo un universo de contradicciones donde hubo una mujer/ con un puño de mármol por garganta intentando anularse, no ser ella misma.

Negación del ego, invisibilidad del (la) vidente cortada en dos partes, en fragmentos que de algún modo tendrá que reconstruir el lector cuando se escuche diciendo cada uno de estos poemas de Entrar Descalza. Poemas, repito, capaces de devolvernos cuanto de humanos hemos perdido, nos han quitado.

Con Alejandra Pizarnik, Lídice Alemán parece decirnos que: la jaula se ha vuelto pájaro, y no sabe qué hacer con el miedo, al invitarnos a conformar la estructura definitiva de su rostro, del rostro que la acoge en los predios de una ciudad maldita. Las palabras, como el calendario, sustituyen el llanto para invitarnos a entrar a su "paraíso". Acudamos pues como ella, descalzos, al edificio en ruinas de la memoria; reconstruyendo el universo que nos ha dejado vacío, estéril.
ALGUIEN NOS ABRE LA PUERTA


Por Arlén Regueiro Mas   
    Ciego de Avila, enero 7 del 2002


Resulta poco común hablar de un libro antes que el mismo sea publicado, sobre todo cuando este libro es el primero que se publica de un autor, pero el caso es que ENTRAR DESCALZA de Lídice Alemán promete ser un suceso cultural por su trascendencia lírica. Hechos con la habilidad propia de un orfebre estos textos reunidos con el paso del tiempo, verifican la intensidad de un acto que desde la contención nos remite al infinito: el acto de fecundador del verso.

Finalmente tendrá el lector en sus manos un libro de poemas escrito desde el abismo de la cotidianidad, sin poses ni movimientos que ronden la sensiblería, el fatuo pertrecho de los que intentan aparentar una vocación infinita. Lídice Alemán López, aunque nació en Santiago de Cuba el 19 de noviembre de 1965, nace para la poesía, con ENTRAR DESCALZA su primer libro, en el ámbito viciado y tenebroso de Ciego de Ávila. Ha publicado antes su Réquiem por Alejandra en Arribos de la luz, Ediciones Ávila, 2000.

Los textos reunidos en ENTRAR DESCALZA nos ofrecen un tránsito diferente por los laberintos del verso, tránsito que se diluye en la construcción semántica del odio y la avidez por desentrañar senderos vírgenes para sus pies cansados. El camino será difícil, más no imposible, cuando una mujer reconstruye su personalidad desde la muerte, desde el miedo a vivir una existencia insignificante.

Lo trascendente en esta poética no es solo la imagen límpida y fugaz, como puñado de agua, lo es también la sintaxis, el contexto desde el que la poeta edifica todo un laberinto generacional, donde la prístina dificultad que vence es el hecho de ser mujer, un género humano otro. Lídice Alemán ejecuta la poesía hacia nosotros, sus lectores, con un acento viril, feminismos aparte, para inaugurar un discurso plural imposible de mancillar, codificado desde lo cotidiano, desde lo ancestral.

Quienes intenten el verso no podrán nunca negar la autenticidad de estos poemas vertidos a la corriente infecunda de nuestra poesía. No podrán acercarse, sin permitirse un ligero estremecimiento, al intenso universo lírico de una mujer que llega, acompañada solo por sus poemas, por los libros que ama, por la desnudez de sus pies, tan amigos, dispuestos al dolor, a las heridas, al silencio que parece circundarlos bebiéndose el equilibrio.

ENTRAR DESCALZA, libro dividido en tres partes (como la Comedia del Dante) nos propone un viaje donde se libran los demonios, donde el exorcismo es solo un pretexto para decir, para gritar la inexistencia del yo, la agonía del no ser parte del texto citadino. Infierno, Purgatorio, Paraíso: tres estados donde el alma se pierde en busca de la trascendencia. Grito de una mujer, de un hombre, de una multitud que se deshace en la aventura de el gesto poético. Reflexión, extrañamiento, ejercicio espiritual, todo un universo de contradicciones donde "hubo una mujer/ con un puño de mármol por garganta" intentando anularse, no ser ella misma.

Negación del ego, invisibilidad del (la) vidente cortada en dos partes, en fragmentos que de algún modo tendrá que reconstruir el lector cuando se escuche diciendo cada uno de estos poemas de ENTRAR DESCALZA. Poemas, repito, capaces de devolvernos cuanto de humanos hemos perdido, nos han quitado.

Con Alejandra Pizarnik, Lídice Alemán parece decirnos que: la jaula se ha vuelto pájaro, y no sabe qué hacer con el miedo, al invitarnos a conformar la estructura definitiva de su rostro, del rostro que la acoge en los predios de una ciudad maldita. Las palabras, como el calendario, sustituyen el llanto para invitarnos a entrar a su "paraíso". Acudamos pues como ella, descalzos, al edificio en ruinas de la memoria; reconstruyendo el universo que nos ha dejado vacío, estéril.