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LA MUJER DEL GUERRERO Yo pude ser la mujer de un guerrero,para eso me educaron en casa, pusiéronme el corazón muy fuerte, tanto como el de mi madre -”que mira cómo lucha”. Yo esperaría muy quieta las noticias de la batalla no lloraría por la pérdida yo estaría seca en el entierro. Yo no pude ser la mujer de un guerrero, yo elegí mal, yo fui mal elegida. Yo nunca conseguí endurecer mi corazón, yo no pude estarme siquiera un instante quieta. Yo elegí mal, yo fui mal elegida y el que creí mi amado estalló un día, lloré por la pérdida. No hubo entierro, ni cadáveres siquiera pero tuve la atroz idea de haber quedado casi seca. Yo no pude ser la mujer de un guerrero, yo quedé con el corazón cálido, extraño, no ardiente, no frío; sólo cálido. En casa no entienden. En casa no entienden que todos los guerreros han muerto, que ninguno anda por el mundo buscando compañía. Los guerreros han muerte sin que yo pusiese conocer alguno jamás. Los guerreros se han marchado no sé a dónde y en casa me miran, mustia, delgada, pero no entienden. PARA REGRESAR ANTES DEL SEPTIMO DIA ¡Ay... si pudiera encontrar un canto, una palabra, un vestido blanco para regresar. Intentaría todas las maneras. Diariamente, sin descanso. Primer día. Llevaría en mis brazos mi propio cuerpo desnudo, lo levantaría a la altura de mi pecho y lo pondría ante ti. Estaré espiando tu mirada, tu gesto pálido. Si no elevas los ojos al cielo, si no lloras pondré mi cuerpo en tierra y me marcharé. Segundo día. Vendré sonriente con el cuerpo sano y limpio, dispuesto al abrazo, fingiendo que olvidé toda la ausencia de ti y que no importan tus dolores ni los míos. Si no resulta, si no sonríes, con vergüenza voltearé el rostro. Tercer día. Rozaré apenas tu mano afilada y miraré con descuido mientras sigo caminando. Y si no tocas el suave ruedo de mi vestido blanco, si no alargas los dedos hasta alcanzarme, desapareceré en la noche. Seré no ya una estela sino una atroz mancha blanca. Cuarto día. La desesperación me hará hablar a voces, culparte cuando quiero que me perdones acusarte acusarte acusarte. Estaré espiando tu mirada, tu gesto pálido de Isla frágil. Si no te provoco, si no entreabres los labios en un grito echaré a correr para no detenerme nunca. Quinto día. Habré de desdecirme. Rogar para que me creas. Seguiré espiando tu gesto sereno que no se qué oculta. Habré de interpretar tus silencios, el ruido del mar tuyo, el sol quemándome. Y si sólo una vez tu mirada incrédula cae sobre mí como un manto, como la sombra misma del manto cayendo, me iré. Sexto día. En silencio y como quien ya no espera me detendré ante ti. Te enseñaré las cartas que no deshice, las ofrendas marchitas, la daga envainada, las manos tras la espalda. Si no dejas de tener los brazos cruzados si no abandonas la mirada fría, cerraré los ojos y llamaré a la muerte. Último día. Si pudieras saber que todo me lo inventé, las fugas, los fingimientos, lo exótico, lo lejano. Cuánto renegué de tus certezas, de tu abrazo, de tu paz. Si supieras que he estado a ras del suelo por miedo al vuelo junto a ti, contigo. Que preferí la exaltación de las lenguas extrañas, el maltrato que me hizo padecer todo lo que creí que amaba. Si pudieras saber... Si pudieras darte cuenta cuerpo amado, Isla, tierra frágil, Patria mía cuánto te he faltado estando aquí. Ay... si pudiera encontrar un canto, una palabra, un vestido blanco para regresar y que entendieras |
Poeta y editora. Nació en diciembre de 1966 en Matanzas, Cuba. En la actualidad es la Editora Principal de Ediciones Vigía y dirige La Revista del Vigía de esa misma editorial. Ha ofrecido conferencias y lecturas de textos en diversas universidades y centros de arte y literatura de Ciudad México, Barcelona, Madrid, Asturias, Viena y Estocolmo, entre otros. Ha sido merecedora de los siguientes Premios Literarios: Premio Bonifacio Byrne, ciudad de Matanzas, 1985 Premio Néstor Ulloa, 1985 Mencion Premio de Amor Varadero, 1986. Mención Premio Trece de Marzo, 1987. Premio Pinos Nuevos, Letras Cubanas, 1996. Mención Premio de Poesía de La Gaceta, 2002. |
Laura Ruiz |