EL EQUILIBRISTA Ahí está la vida-cuerda floja y yo encima muñeco de trapo bruja sobre su escoba luna tras el cristal yo encima brújula o caminante saltando dinamita campo ardiendo a cada lado del cordel. Abajo están las fauces los profetas el mundo el equilibrio cuesta abajo. Qué va a importar el torpe manifiesto las paredes las letras la endeblez de las uñas la vida-cuerda floja nos sorprende escogiendo entre el abismo y el abismo a sólo un paso. Quizás si fuera la vida-hilo de Ariadna la vida-manantial-rosa fugaz pero es sólo la vida-cuerda floja y hay un equilibrista contemplando el espacio que se ensancha al borde mismo de su impávida pupila. Es tan sólo la vida-cuerda floja y hay un equilibrista que soy yo. EL ELEGIDO DE DIOS …con su lombriz de tierra en el ojal. LEÓN ESTRADA El dios levanta el dedo se incorpora y no hay voz que le llegue a la cintura. Él preside su gloria él elige su séquito de ciegos él dilata a su gusto la trompeta. Una escalera revuelve otros motivos las razones buscan sitio en la asamblea y él aplasta con su bota el desacuerdo. Sus elegidos deslumbrados enmudecen gustosos de su pose y su perfume. Él cree en su omnipotencia en su estandarte en su disparo cierto y él es también un elegido de otros reproducción de Dios en miniatura. CAREFULL WITH THAT AXE EUGENE Los códigos son viejos como la ley de Judas viejos como esta esquina que ahora se enmudece que sanciona tus trenzas tus pantalones anchos el trazo sobre el lienzo ennegrecido. Ellos no se equivocan su palabra es la ley la ley del doble filo en la careta. Ellos no fallan tú eres el infractor. Cometes el delito de andar tanteando algo que los otros no alcanzan pero tampoco entienden pero tampoco admiten. Ellos no fallan ellos dicen que no vaya a colarse el ladrón por la rendija y luego te sonríen. Los códigos son viejos aunque te los disfracen. Cuidado con el hacha Eugenio cuidado con el hacha. LLANTO POR LA CIUDAD CUANDO ME ALEJO …qué sola te quedaste, mi madre, con tus huesos. ELISEO DIEGO A Santiago de Cuba. Qué culpa tiene madre con tanto orgullo y tanto título en la frente de que sus hijos huyan para hacerse crecer. Qué culpa tiene la pobre de los muros del que se eleva sobre su cadáver y le vacía el alma. Oh ciudad cuánto amor se me cae qué triste te me vuelves entre tanta montaña. Qué sola estás. A qué manos entregaste tu vejez con qué artificios te cubren el semblante. Cómo es posible ciudad cómo es posible este patriótico olvido en que te dejan. |
Odette Alonso |
Poeta y narradora. Nació en Santiago de Cuba, 1964. Licenciada en Filología. Ha publicado los poemarios Enigma de la sed (Cuba, Caserón, 1989), Historias para el desayuno (Cuba, Holguín, 1989), Palabra del que vuelve (Cuba, Abril, 1996), Linternas (Nueva York, La Candelaria, 1997), Visiones (prosa poética; México, NarrArte, 2000), Insomnios en la noche del espejo (México, Instituto para la Cultura y las Artes de Quintana Roo, 2000), que recibió el Premio Internacional de Poesía "Nicolás Guillén" en 1999, Antología cósmica de Odette Alonso (México, Frente de Afirmación Hispanista, 2001), Diario del caminante (México, Espejo de Papel Ediciones, 2003) y (Madrid, Torremozas, 2003). Ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa y en páginas literarias de internet. Es miembro de la Red de Escritoras Latinoamericanas, de la Unión de Mujeres Escritoras de las Antillas, de Latino Artist Round Table y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Radica en México desde 1992. |
Poemas pertenecientes al libro Cuando la lluvia cesa (Madrid, Torremozas, 2003),
a la venta en la Librería Universal de Miami y en librerías españolas. |