Me siento sobre este muro
para divisar la grieta,
se están tornando violeta
sus entrañas, inseguro
es el tic que exhibe, puro
no tiene siquiera el fondo.
Ya nos muerde en lo más hondo,
aprieta fuerte la soga,
amenaza, insulta, ahoga.
Es muy tarde, mas, respondo
por lo que siempre le vi:
un tridente es lo mejor
que le distingue, dolor
nos deja su mano. Así
es ella, diga Dios si
vale sacudir la espada,
romper esta bofetada
que nos invierte el empeño,
levantar del piso al sueño
antes de volvernos nada.